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Nuestra Historia

Muñoveros está íntimamente relacionado con el capitán comunero Juan Bravo, cuyos restos se creen que se encuentran en esta localidad. El nombre del lugar hace referencia al apelativo del que pudo ser su primitivo repoblador un tal Mañero Vero, que fue transcrito en la documentación histórica como Munnoveros. La villa formó parte de la Comunidad de villa y Tierra de Segovia, aunque eclesiásticamente dependía del Arciprestazgo de Pedraza. Muy próxima a la Plaza Mayor del pueblo y casi junto a su Ayuntamiento, se localiza la iglesia parroquial de San Felix, otra curiosa joya del románico segoviano. Aunque es un edificio muy reformado, conserva una bella, sobredimensionada y original puerta de ingreso protegida por un porche, en la cual veremos que su arco se articula en tres arquivoltas, estando la central decorada con diecisiete cabezas rudamente talladas, las cuales muestran expresiones atormentadas, burlonas y enigmáticas. Estas mismas cabezas también las veremos en los capiteles que sustentan el arco. Ya dentro del templo, podemos admirar sus retablos y una buena colección de piezas de plata, entre las que sobresalen la cruz procesional, la custodia de sol y el relicario de san Félix (patrón del pueblo), todas ellas obras de plateros segovianos del siglo XVI. En las proximidades del pueblo, también se puede contemplar la ermita de Nuestra Señora de la Soledad.

Entre las tradiciones arraigadas que conserva Muñoveros figura el Vía Crucis, que cada Viernes Santo congrega a decenas de personas. Montado en su carroza, el Cristo Crucificado sale de la iglesia y para en cada una de las 15 cruces del Calvario (una más de lo normal) leyendo el original texto transmitido de generación en generación. La música lo acompaña con una peculiar entonación que sólo los muñoverenses saben entona y, también hace especial el Calvario medieval de Muñoveros.






«C.J.V. ESTA AQUÍ». Tras estas letras grabadas en una de las losas de entrada a la iglesia de San Félix Mártir, los vecinos de Muñoveros ven el indicativo de que los restos del comunero Juan Bravo reposan bajo algún lugar del templo de la localidad tras su derrota en Villalar. No en vano, la relación del capitán con el pueblo fue importante durante años. Su matrimonio con Catalina del Río llegó acompañada de una dote que incluía tierras en la localidad, donde Juan Bravo pasó largas temporadas, incluso después de la muerte de su esposa,aunque ya menos frecuentes, lo que posiblemente motivó que en 1513 crease un censo fetosín para que todos los vecinos de Muñoveros se beneficiasen de sus finas en la localidad. Más aires de fantasía invaden la leyenda del ‘Callejón de los infiernos’, nombre con el que se sigue conociendo a una de las calles de la localidad. En ella, según dicen, el Rey Fernando el Católico y los nobles y cortesanos que le acompañaron se llevaron una importante paliza. De camino al Castillo de Turégano en el viaje hacia Segovia para contraer matrimonio con Isabel de Castilla, el grupo de nobles descubrió en Muñoveros a unas bellas jóvenes que les dejaron prendados, por lo que durante su estancia en la fortaleza de la localidad vecina hicieron alguna escapada hasta Muñoveros para encontrarse con sus damas. Tanta visita no sentó bien entre los varones del pueblo, que para impedir una relación de sus mozas con los apuestos forasteros, prepararon una emboscada que se saldó con una paliza a los osados nobles y cortesanos, entre los que más tarde se supo se encontraba Fernando de Aragón, que huyeron del lugar diciendo «vamonos que esto es un infierno». Y entre mezcla de leyenda y realidad, lo cierto que es que la calle en la que, según cuentan, tuvo lugar el enfrentamiento, más de cinco siglos después continúa conociéndose entre los vecinos como ‘El callejón de los infiernos’.

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